Un dibujo tiene algo de muerto. A veces es lo que queda después de todo lo que importa. Si nos fascina o nos repugna, expuesto en su papel, en su soporte, lo hace de manera forzada y fuera de su naturaleza. Es casi grotesco, como un fallecido en el tanatorio al que por un tiempo se le sigue concediendo el estatus de persona. Como un bicho raro en formol en la estantería de un naturalista.

Un dibujo no es dibujar, sólo su huella incompleta, su resto despojado de vida.

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Al hablar de un libro que nos ha cambiado por completo, que nos ha revuelto y enamorado, con frecuencia decimos sólo generalidades. Divertido, dramático, me gustó mucho. Incluso haciendo un esfuerzo y con práctica apenas llegamos a una frase ingeniosa que parece resumir una impresión de conjunto. Y está bien así, no pretende ser más.

Más, sería el propio libro para ser leído. Sólo su lectura puede hacer vivir y además es difícil que lo haga más de una vez.

Con el dibujo pasa igual pero no parece tan evidente. Tan sólo unas pocas veces vemos algo que nos hace pensar en lo que fue dibujarlo. Dibujar es ser tú en relación, en búsqueda. Es habitar en movimiento, es tocar. En vez de observar, el que dibuja toca y cambia, rechazando o apropiándose de lo que encuentra. Dibujar es un simulacro erótico de la vida, acaso vivir en miniatura sobre el papel.

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El descubrimiento, un objeto de deseo, acaba siendo lo de menos sobre todo cuando no sabes lo que buscas. Por suerte se puede dibujar sin saber qué dibujar. Un poco como caminar sin tener que ir de casa al colegio o de la oficina al supermercado pero dispuesto a que algo suceda. Siempre llegarás a alguna parte si caminas lo bastante, decía un gato.

Si sabes algo, si lo conoces bien, no interesa. Lo apasionante es ver qué hacer con lo que no está claro, con lo que hay de incierto en las primeras ideas, las intuiciones, las sospechas de lo que puede ser la vida que vivimos con los otros que es la que merece la pena.

Hemos escrito esta anotación durante un trayecto en el metro. Es parte de la parte lírica del sueño en parte en contrucción que ya es una parte de Improvistos. Algunas ideas en nuestro inconsciente no estarían sin haber leído la tesis de Anthi Kosma, quien sabe mucho y busca más sobre la acción del dibujar ”como lenguaje mudo, práctica común, apertura, exploración, no representación”. Después de mucho leer y dibujar, Anthi aproxima la acción de dibujar ”como exploración, modo de búsqueda, medio de experimentación, como apertura de la forma, como resultado no de un motivo externo sino como aparición inmanente a la propia acción, como gesto, como ecografía entre el mito y el proyecto.

Más info: proyectar dibujando

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