A raíz de los concursos de Plaza de España y del más reciente de REMODELACIÓN DE 11 PLAZAS EN LA PERIFERIA DE MADRID, como profesionales de la intervención en la ciudad y de la participación y finalistas o ganadores en dicho concurso, queremos exponer nuestra visión sobre este tema, con el ánimo de contribuir a la mejora de futuras ediciones.

Creemos en la participación. Pensamos que el resultado final, los espacios públicos que legaremos a nuestra ciudad, van a ser mejores si dependen de decisiones tomadas no sólo por representantes políticos y equipos técnicos, a quienes votamos o pagamos para ello, sino también por vecinos y vecinas, asociaciones y colectivos que aportan experiencia e inteligencia colectiva, acrecentando a su vez valores como corresponsabilidad o cohesión social.

Creemos también que algunos procesos comenzados recientemente por el Ayuntamiento abren caminos para incorporar un número muy considerable de personas en la toma de decisiones. Sin embargo, hemos constatado que los procesos más ambiciosos, con mayor presupuesto y capacidad transformadora están basados en consultas masivas, de respuesta individual y desagregada, predominantemente digital y sobre opciones finalistas mal comunicadas. Este modelo, aplicado a la construcción de ciudad, puede generar ciertas dinámicas que no contribuyen a los objetivos anteriores.

Es importante recalcar que no se cuestiona el paso dado, el hecho de que las personas que viven en la ciudad tengan una nueva forma de participar activamente en tomas de decisión sobre asuntos urbanísticos complejos, sino que se trata de construir y mejorar sobre estas primeras tentativas.

El proceso de selección de propuestas en el concurso de REMODELACIÓN DE 11 PLAZAS EN LA PERIFERIA DE MADRID

Según se desprende de las bases del concurso, el modelo de selección de propuestas surge a partir de los trabajos técnicos del Área de Gobierno de Desarrollo Urbano Sostenible para el programa “Madrid Regenera” y cuenta con una importante colaboración del COAM y otras instituciones. Ha constado de una breve fase de recogida de sugerencias vía “chat” y dos fases de selección, una primera con un amplio jurado técnico que seleccionó las dos mejores propuestas para cada plaza, y otra posterior, en la que cualquier empadronado en Madrid podía elegir una de las dos soluciones, principalmente mediante voto digital, a través del portal MadridDecide.

La experiencia directa en el concurso anterior de los abajo firmantes ha permitido constatar varias dinámicas que consideramos negativas:

Dificultades para una elección informada y razonada. Elegir entre dos opciones finalistas, desde el móvil u ordenador de cada uno, sin poder informarse suficientemente sobre el problema de la plaza y sobre las fases anteriores del proceso que ha llevado a cada una de las opciones, resulta muy difícil. Para poder elegir sin apoyo externo, es necesario disponer de una cantidad considerable de tiempo (para procesar todo el material) y de conocimientos sobre la multiciplidad de aspectos que entran en la decisión (medioambientales, sociales, urbanísticos, etc.). La cantidad de votos en blanco en el último concurso, entre el 18 y el 36% según la plaza, debe hacer reflexionar sobre esta cuestión. Con sistemas tan poco comprensibles, existe el peligro de generar desinterés sobre cuestiones especializadas presentadas además como un referéndum entre opciones supuestamente antagónicas.

Falta de correspondencia entre votantes y población beneficiada. Hecho que dificulta aún más lo anterior y desmerece el resultado final, pues, a diferencia de lo que pasaba en Plaza de España, en estas plazas más locales el votante que no es del barrio apenas puede aportar en dos aspectos fundamentales para el proceso: sus necesidades y su experiencia en relación al lugar. Además, se crean otros dos problemas: se generan lógicas de adhesión en el voto (ver apartado siguiente) y, más importante aún, este modelo apenas conecta con procesos previos y demandas existentes, lo que dificulta la apropiación del resultado final y puede traducirse en espacios públicos menos frecuentados y de peor mantenimiento.

Voto de adhesión frente a voto razonado. Este tipo de elección entraña el riesgo de que el factor decisivo no sea la calidad de las propuestas sino los contactos y medios en las redes sociales de los que dispone el equipo. Las bases permiten la promoción de las propuestas, siempre que se mantenga el anonimato. En esas condiciones, los equipos pueden, sin revelar su autoría, hablar con familiares y redes de contactos, que a su vez piden el voto a las suyas. Ello podría tener un peso nada desdeñable en el resultado final, gracias al efecto exponencial de las redes.

Debate poco transparente. El sistema de consultas implementado no permite el debate o el conflicto en espacios de deliberación y de propuesta apropiados. De hecho puede dar lugar a, al menos, dos dinámicas sumamente opacas:

Argumentaciones tendenciosas amparadas en el anonimato. La existencia de chats o foros en la web de votación sin moderación genera a su vez dos problemas. Se produce la aparición de perfiles falsos para comentar y posicionar comentarios a favor o en contra de una u otra propuesta, condicionando al votante. Además, alienta discusiones en las que la ética profesional e incluso la educación a menudo brillan por su ausencia, generalizando los ataques a la otra propuesta y llegándose incluso a las descalificaciones personales.

Mercantilización y profesionalización de la promoción. Dados el sistema y los antecedentes, se hace casi inevitable que los equipos se planteen si invertir en marketing en las redes sociales, como anuncios en Facebook, plataformas web de apoyo o community managers. La decisión pasa por entender que ello sea ético y, además, por poder permitírselo, pero existe un riesgo considerable de corromper el resultado final y, por ende, la propia participación.

Algunas propuestas alternativas 

Para superar las dificultades anteriores, se propone valorar las siguientes alternativas:

  • Implicación local frente a participación cuantitativa. La participación sobre cuestiones urbanas no siempre necesita ser masiva. Cuando se pretende que toda la ciudadanía opine de manera simplificada se pone en bandeja una crítica por la poca participación respecto al censo de posibles votantes, lo que nos recuerda que el problema no es de naturaleza cuantitativa. Sin embargo, 10.000 opiniones sobre la transformación de una plaza son muchísimas, si se ponen los medios para canalizar tanta inteligencia colectiva. Podrían buscarse combinaciones de consultas abiertas a todo el municipio con procesos más dirigidos y enfocados en lo local, contando con metodologías de participación que faciliten la comprensión y el intercambio sin requerir formación específica.
  • Utilización de métodos presenciales de participación. Un render bonito puede esconder un proyecto inviable, un buen proyecto puede resultar poco comprensible y, aunque todo fuera correcto, la comparación es difícil incluso para jurados técnicos. Por el contrario, si el marco y cada proyecto son explicados correctamente en espacios y con tiempos adecuados, las personas y colectivos son capaces de pensar, entender, proponer y aportar por su cuenta, con resultados importantes e imposibles de conseguir por otra vía. En el caso de consultas, la promoción digital puede complementarse al menos con presentaciones y debates públicos de las propuestas en el barrio correspondiente.
  • Otras maneras de incluir la participación. Incluso si hablamos de concursos y consultas, no de procesos participativos, la participación en temas urbanos puede incluirse como requisito técnico en las bases para que los proyectos se valoren por el enfoque y metodología de participación previsto para su desarrollo. Otra opción es que la participación sea útil para definir las propias bases, conectando con los intereses y necesidades locales. En general, es fundamental valorar más la calidad de la participación frente a la cantidad, considerando diferentes grados de implicación desde el inicio hasta el final de un proceso, y ampliando posibilidades de manera que una consulta sea una herramienta complementaria acotada, bien diseñada, con sentido y por lo tanto útil.
  • Coordinación con otros instrumentos de participación. La participación impulsada por la administración es sólo una parte limitada de las muchas formas de participación en la ciudad, pero su papel es muy importante y debe encajar como una pieza más en colaboración con otras. Las formas de participación competitivas, por ejemplo, pueden incorporar propuestas que hayan sido impulsadas o apoyadas desde grupos con un recorrido previo, aunque cuidando de no sustituirlas ni repetir esfuerzos. Son de destacar las iniciativas de los Foros Locales y las Mesas del Distrito, las de los programas Imagina Madrid y Experimenta Distrito o las derivadas de los Presupuestos Participativos y otras canalizadas a través de decide.madrid.es. Estas colaboraciones pueden permitir mejorar las fases de información y definición de objetivos e incluso aportar a al desarrollo de las propias propuestas.
  • Incorporación de herramientas digitales. A partir de una base como la anterior, se puede y seguramente se debe complementar con otros medios y herramientas digitales, que amplíen el alcance o ayuden en situaciones que lo requieran. A efectos de mejorar la información y poder comparar, los temas y grafismos de los paneles deberían homogeneizarse todo lo posible, de tal forma que no jueguen un papel clave. En el mismo sentido, ha de considerarse la posibilidad de publicar la valoración del jurado técnico, con las virtudes (y quizás incluso los inconvenientes) de cada propuesta. Y a fin de mejorar la transparencia, ha de valorarse la posibilidad de eliminar el anonimato en esta última fase.

Conclusión

La experiencia directa en el concurso de las 11 plazas de la periferia ha permitido comprobar que el sistema actual plantea varias dificultades, tanto en el proceso (información inadecuada para los participantes, discusión poco transparente, votación en la que pueden influir intereses ajenos al propio objeto) como sobre dos de sus objetivos básicos: obtener las aportaciones,  implicación y apropiación de resultado por parte de las personas participantes y contribuir realmente a seleccionar el proyecto más adecuado. Conviene recordar que el enfoque cuantitativo es vulnerable a críticas sobre su representatividad y puede dar la sensación de una intención legitimadora de decisiones ya tomadas.

Creemos que, con los objetivos enunciados, se podría apostar por una participación basada en diagnósticos de necesidades, con objetivos estratégicos claros, abierta pero dirigida a personas y grupos con potencial de implicación, así como a colectivos que habitualmente no son escuchados, con espacios de intercambio e incluso de creación y de acción, y basada principalmente en lo presencial, aunque se complemente con herramientas digitales que amplíen el alcance y la transparencia.

Es imprescindible aprovechar la inteligencia colectiva para generar propuestas frente a los principales retos en la mejora de la ciudad. Para ello, la participación en temas de ciudad y territorio necesita entenderse menos como mercadotecnia de la consulta y apostar más por metodologías específicas que mantengan un equilibrio entre los objetivos que se persiguen, los procesos que se ponen en marcha y las personas y grupos participantes. Este enfoque sería más fiable a la hora de seleccionar o realizar propuestas y podría facilitar mayor apropiación, implicación y posibilidad de aportes desde posiciones diferentes para construir una ciudad más habitable.

Firmado:

Alba Navarrete Rodríguez, María Tula García Méndez y Gonzalo Navarrete Mancebo, arquitectas urbanistas, socias de Improvistos (www.improvistos.org)

José Carpio Pinedo, Ester Higueras García, Patxi J. Lamíquiz Daudén y Marta Peña Lorea, arquitectos-urbanistas.

Sergio Sánchez Grande y Alberto Rubial Alonso, arquitectos, socios de rubial·sanchez (www.rubial-sanchez.com).

José Javier Galante Terrer, Sara Galante de Cal y Mar Parrilla López-Brea, arquitectos.

Todos los firmantes son finalistas o ganadores del concurso REMODELACIÓN DE 11 PLAZAS EN LA PERIFERIA DE MADRID.

Nota: Recientemente, José Fariña ha publicado un artículo de gran interés que trata el mismo tema. También se están produciendo reflexiones más colectivas a través del Observatorio de la Participación de Madrid.

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