Los suecos sonreían y decían que sí porque no entendían, pero eran muy agradables, y el barbero se frotaba las manos contento: –¡Una ciudad como esta por un corte de pelo y una fricción de colonia! La verdad es que me salió bien barata-. Sin embargo, se equivocaba: había pagado un precio muy alto. Porque a todo niño que viene a este mundo le pertenece el mundo entero, y no debe pagar ni un céntimo por él. Tiene únicamente que remangarse, extender las manos y tomarlo.

Rodari, Gianni. 2008

Hoy en día, muchos niños y niñas de nuestras ciudades se quedarían perplejos si les dijeran que basta sólo con “extender las manos y tomarlo” para disfrutar de su entorno urbano.  ¿Cuántos de los niños y niñas de nuestras ciudades tienen una experiencia autónoma y participativa con su entorno? ¿Cuántos van y vuelven del colegio solos? ¿Cuántos juegan en las plazas al salir del cole? ¿Qué relación queremos que los niños y niñas tengan con las calles y plazas de nuestros barrios? Y tal vez hasta algunos padres y madres se quedarían perplejos también.

La ciudad de los niños nació con la esperanza de dar respuesta a algunas de estas cuestiones. En 1991, el pedagogo Francesco Tonucci inició en su ciudad natal un estudio del pensamiento y del comportamiento infantil dentro del ambiente urbano. Su intención era desarrollar una nueva filosofía de gobierno de la ciudad, con los niños y niñas como parámetro clave de la planificación y gestión urbana. El objetivo del proyecto no iba dirigido a aumentar los recursos y servicios para la infancia, sino que iba enfocado a construir el derecho a una ciudad diversa y mejor para su ciudadanía, en la que los niños y niñas pudieran vivir una experiencia como ciudadanos/as autónomos/as y participativos/as.

“Sin embargo, el papel subalterno de niños y niñas y su posición como tutelados choca constantemente con la materialización de su derecho a la ciudad, bien de manera indirecta (mediados por las decisiones, percepciones, actos y posibilidades de sus cuidadores/as…) o de manera directa cuando las ciudades en las que vivimos hoy en día levantan muros infranqueables para las necesidades de su desarrollo físico, cognitivo y social” (Carmen Egea y Diego Sánchez, Ciudades amigables. Granada, 2016). El derecho a la ciudad, debería incluir también un aire limpio.

La idea de la ciudad de los niños implica, por tanto, el uso y disfrute de los espacios urbanos y la posibilidad de transformar los entornos desde la infancia. Así, se podrían considerar dos dimensiones como parte del derecho a la ciudad: el derecho a la apropiación de sus espacios (juego y movilidad independiente), y la posibilidad efectiva de decisión sobre la configuración y transformación del entorno (participación).

En el presente, y a propósito de esta noticia, consideramos que la adaptación de las ciudades a las necesidades de hoy en día es inseparable de un enfoque inclusivo y una visión de sostenibilidad ambiental. Crear, desarrollar y ofrecer espacios seguros para la infancia también incluye espacios sanos y eso viene de la mano de la posibilidad de respirar aire más limpio (y disminuir el uso desmedido del coche, abordando urgentemente los conflictos que surgen, aunque este tema amerita más entradas en blogs y medios de comunicación).

El juego y la movilidad independiente

En la primera dimensión, el juego constituye una de las principales formas de uso del espacio y, la movilidad independiente, la posibilidad de acceso y conocimiento del entorno de forma autónoma.

Según la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas (art 31), jugar es un derecho de todos los niños y niñas y constituye una actividad fundamental para la salud, el desarrollo y el bienestar de los niños y niñas. Sin embargo, es uno de los derechos más olvidados y desatendidos en la actualidad. Hoy en día, los niños y niñas juegan la mitad del tiempo de lo que jugaban sus padres y madres a su edad, con consecuencias en su salud física y mental.

En cuanto a la movilidad independiente, ¿Qué dice de nuestras sociedades que en muy poco tiempo -entre los años 70 y 90- hayan desaparecido prácticamente los niños y niñas autónomos/as de nuestras calles y plazas? “Muchas personas que no tienen a su cargo a un menor pueden pasar prácticamente su día sin toparse, sin rozarse, sin interactuar con un niño o una niña. La infancia se ha invisibilizado de nuestras calles generando en las familias una percepción de riesgo y peligro a su alrededor” (Román, Marta. 2015). En España, el 70% de los niños y niñas que llegan a secundaria, nunca han ido al colegio por su cuenta y, por lo tanto, una de las labores de padres y madres es precisamente acompañarlos, vigilarlos, estar permanentemente con ellos (Francisco Alonso et Al, Los niños, las ciudades y la seguridad vial: una visión a partir de la investigación. Attitudes, 2009).

Además, se ha roto toda una red de relaciones que facilitaba la vida a todo el mundo y que antes se generaba en la calle de forma sencilla, en la que los niños y niñas eran también canalizadores de las relaciones de barrio. Esas relaciones permitían a las familias una crianza colectiva frente a la percepción de inseguridad y miedo que produce hoy en día la falta de apego vecinal.

La participación de niñas y niños

A estos dos aspectos, y en una segunda dimensión, podemos añadir la participación efectiva de los niños y niñas en la toma de decisiones sobre el uso del espacio público, su diseño y finalidad. Cuál es su posición a la hora de tomar decisiones sobre cómo usar el espacio público y cómo transformarlo es otro de los avances pedagógicos y curriculares que no ha llegado a materializarse en las calles y plazas hoy en día.

Como señala Gillespie, “la verdadera prueba de inclusión y desarrollo de capacidades adultas para incluir a los niños y niñas realmente en la política urbana podría pasar más por su “(re)integración” informal, cotidiana, en el espacio público que por la participación en procesos formalizados de planificación. La predilección de los niños y niñas por espacios multifuncionales, abiertos, naturales con valores lúdicos indicarían que la apuesta por un espacio urbano más amigable para ellos y ellas representaría beneficios en el bienestar del conjunto de la población”. De ahí que autores como Tonucci propongan al niño y la niña como parámetro de la política urbana: “una ciudad disfrutable para los niños es una ciudad buena para todos.”

Es necesario identificar las oportunidades para transformar la ciudad desde la infancia. El derecho a la ciudad también es cosa de niños y niñas, al menos desde dimensiones como el uso y disfrute, la sostenibilidad ambiental y la participación. ¿Qué podemos hacer? Desde la oficina de Improvistos estamos aplicando algunas de estas ideas en relación a los patios, accesos y entornos escolares de varios colegios de Madrid. Se trata del proceso Cómo está el patio, que puedes seguir en las redes sociales con el hashtag #CómoEstáElPatio.

Referencias utilizadas:

Tonucci, Francesco; “La Ciudad de los niños”, 1997. Consultado online

Egea, Carmen y Sánchez, Diego; “Ciudades amigables”, 2016.

Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas (art 31).

Román, Marta. Infancia y Movilidad, toparse con la realidad. Jornadas “Ciudades en Bicicleta” celebradas en Madrid los días 9 y 10 de marzo de 2015, organizadas por el Ayuntamiento de Madrid. Consultado online.

Alonso, Francisco et Al, “Los niños, las ciudades y la seguridad vial: una visión a partir de la investigación”. Attitudes, 2009.

Gillespie, J. “Being and becoming: Writing children into planning theory. Planning theory, 12 (1), 64-80, 2013.

Marín, Imma et Al, “Els patis de les escoles: espais d’oportunitats educatives”. 2010

Práctica Reflexiva “Repensar el patio escolar”. Mariana Morales Lobo. Consultado online

Villacañas, Silvia; de Blas, Mónica; García Serrano, Pablo; Leal, Patricia; Urda, Lucila; Hernández, Cristina. “Proyecto Micos. Entornos Escolares Saludables”. Ayuntamiento de Madrid, 2016. Área de Gobierno de Desarrollo Urbano Sostenible, Dirección General de Estrategia de Regeneración Urbana

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